Cuando pensamos en diseñar una lavandería, es común centrar la atención en los electrodomésticos, los acabados o el espacio disponible. Sin embargo, existe un aspecto que suele pasar desapercibido y que, probablemente, tenga un mayor impacto en la experiencia diaria: el flujo de trabajo.
En esta edición de Conversaciones COFRASA, reunimos dos perspectivas que se complementan de manera natural. Desde COFRASA, compartimos cómo el diseño de un espacio puede facilitar la vida cotidiana. Y junto a Maria Palma, organizadora profesional, exploramos cómo un sistema bien pensado transforma una de las tareas más constantes del hogar.

La conclusión fue clara: una lavandería eficiente no depende únicamente del orden ni únicamente del diseño. Depende de que ambos trabajen juntos.
La lavandería comienza mucho antes de la lavadora
Después de más de 35 años diseñando espacios para el hogar, hemos aprendido que una lavandería no debería planificarse alrededor de la lavadora o la secadora.
Debería diseñarse alrededor del recorrido que hace una prenda desde que entra sucia hasta que vuelve limpia al closet.
Cada etapa debe conducir naturalmente a la siguiente. Cuando el diseño acompaña ese recorrido, el espacio funciona con fluidez y cada tarea requiere menos esfuerzo.
La experiencia de María Palma
“Muchas personas creen que el proceso comienza cuando se enciende la lavadora. En realidad, empieza mucho antes, cuando se recoge la ropa de las diferentes habitaciones. Me gusta utilizar un recipiente portátil para hacer un solo recorrido por la casa y llevar toda la ropa directamente a la lavandería. Es un cambio muy sencillo, pero desde ese primer paso ya estamos eliminando tiempo y desplazamientos innecesarios.”
Una lavandería eficiente necesita una zona para clasificar
Cuando una actividad forma parte del proceso todos los días, merece un espacio propio.
Por eso, una lavandería bien diseñada debería contemplar un área destinada a la clasificación de la ropa, integrada al mobiliario y pensada para que esta tarea ocurra de manera cómoda y natural.
Diseñar una lavandería no consiste únicamente en acomodar electrodomésticos. Consiste en crear un recorrido lógico.
La experiencia de María Palma
“Uno de los cambios que más impacto genera es clasificar la ropa apenas llega a la lavandería, no cuando ya es momento de lavarla. Me gusta trabajar con canastas claramente identificadas para ropa blanca, ropa negra, ropa de color, jeans, prendas delicadas y toallas o sábanas. Así, cuando llega el momento de hacer una carga, prácticamente todo está listo.”
El mejor diseño elimina decisiones innecesarias
Un espacio bien diseñado reduce la cantidad de decisiones repetitivas que debemos tomar.
Cuando cada elemento tiene un lugar definido, el trabajo fluye casi de forma intuitiva.
Eso también es diseño.
La experiencia de María Palma
“Cuando la ropa ya está clasificada, el lavado se vuelve muy sencillo. Solo tomo la canasta correspondiente y utilizo el detergente adecuado para ese tipo de prendas. Parece un detalle pequeño, pero evita tener que repetir el mismo proceso de clasificación cada vez que se lava ropa.”
El recorrido no termina en la secadora
La secadora no representa el final del proceso.
De hecho, es uno de los puntos donde más tiempo puede ganarse o perderse.
Por eso, vale la pena pensar en superficies para doblar ropa, una barra para colgar prendas y suficiente espacio para trabajar cómodamente.
Son elementos que muchas veces pasan desapercibidos durante el diseño, pero que transforman por completo la experiencia diaria.

La experiencia de María Palma
“Durante el proceso me gusta asignarle una canasta a cada miembro de la familia o, idealmente, a cada closet. Conforme la ropa sale de la secadora, la voy doblando o separando según su destino final. Así evito mezclar toda la ropa limpia en una sola canasta para volver a clasificarla después.”
“Las prendas que van en gancho las cuelgo inmediatamente. El calor residual de la secadora y el peso de la tela ayudan a reducir las arrugas, lo que significa menos tiempo de planchado más adelante.”
Un buen sistema termina cuando la ropa vuelve a su lugar
Muchas personas consideran que la lavandería termina cuando la ropa está limpia.
Nosotros creemos que el proceso concluye únicamente cuando cada prenda vuelve a ocupar su lugar.
Diseñar una lavandería eficiente también significa pensar cómo la ropa saldrá nuevamente de ese espacio.
La experiencia de María Palma
“Cada closet debería tener su propia canasta. Conforme avanzo con las distintas cargas de lavado, voy alimentando esas canastas hasta completar toda la ropa de cada persona. Solo entonces hago un único recorrido para guardar todo. Además, me aseguro de que cada prenda se doble siguiendo el mismo estándar, porque un closet organizado empieza por una forma consistente de doblar la ropa.”
Diseñar el Arte de Habitar
Esta conversación con María Palma nos dejó una reflexión muy clara.
La organización no comienza cuando alguien decide ordenar un espacio.
Comienza mucho antes.
Comienza cuando el espacio fue diseñado para que el orden ocurra de manera natural.
En COFRASA creemos que esa es precisamente la diferencia entre un espacio bonito y un espacio que realmente mejora la vida de quienes lo habitan.
Porque Diseñar el Arte de Habitar no consiste únicamente en seleccionar materiales, acabados o electrodomésticos de calidad.
Consiste en comprender cómo vive cada familia y diseñar espacios que acompañen esa forma de vivir.
Y cuando el diseño y la organización trabajan juntos, incluso una tarea cotidiana como la lavandería puede convertirse en una experiencia mucho más simple, eficiente y agradable.
